Dramáticos efectos de las medidas de control sobre las muertes por fiebre amarilla en La Habana, Cuba, a principios de 1900

Traducción de un artículo de Lechuga RI y Castro AC que recuperamos para ayudar en la compresión de la importancia de las medidas de control en la actual pandemia causada por el covid-19.

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22 marzo, 2021 ¿Qué podemos aprender de otras crisis sanitarias...?
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Hemos traducido del Inglés al Español
este artículo publicado originalmente por la James Lind Library en:
https://www.jameslindlibrary.org/articles/dramatic-effects-of-control-measures-on-deaths-from-yellow-fever-in-havana-cuba-in-the-early-1900s/

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© Rita Isabel Lechuga, MD, MPH. Facultad de Salud Pública del Instituto Milken, Universidad George Washington; Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto Westhill. Correo electrónico: RitaLechuga@GWU.edu, y Ana Cristina Castro, Departamento de Ciencias de la Salud, Universidad de York, Reino Unido; Escuela de Kinesiología, Clínica Alemana Universidad del Desarrollo, Av. Plaza 680, Las Condes, Santiago, Chile. Correo electrónico: anacastro@udd.cl

Citar como: Lechuga RI, Castro AC (2016). Efectos dramáticos de las medidas de control sobre las muertes por fiebre amarilla en La Habana, Cuba, a principios de 1900. Boletín JLL: Comentarios sobre la historia de la evaluación del tratamiento (https://www.jameslindlibrary.org/articles/dramatic-effects-of-control-measures-on-deaths-from-yellow-fever-in-havana-cuba-in-the-early-1900s/)

 

Antecedentes

La fiebre amarilla, llamada así por la ictericia que puede causar en una persona infectada, es una enfermedad tropical, transmitida por vectores, endémica en ciertas zonas de África y América (OMS 2014). Los registros datan la fiebre amarilla en América en la península de Yucatán ya en 1648 (CDC 2010).

Durante los primeros años de las epidemias de fiebre amarilla en América, en los siglos XVIII y XIX, los ejércitos europeos sufrieron mucho a causa de los brotes. El ejército británico perdió 20.000 de sus 27.000 hombres en Cartagena, Colombia, en 1741 y el ejército francés perdió 8.000 hombres en Santo Domingo en 1803 (Brês 1986). Una de las epidemias más importantes se produjo en Panamá a finales del siglo XIX, cuando la fiebre amarilla y la malaria afectaron a los trabajadores franceses que construían el Canal de Panamá. El proyecto costó miles de vidas perdidas por la fiebre amarilla y la malaria y millones de dólares, contribuyendo, con la corrupción y el escándalo político, a la quiebra de la empresa francesa que construía el Canal (US Dept. of State No Date; Skinner 1988).

Las epidemias de fiebre amarilla también afectaron a ciudades de Estados Unidos. Se estima que un 10% de la población de Filadelfia sucumbió a la enfermedad en 1793 (Universidad de Virginia 2016). Nueva Orleans fue víctima de varios brotes que provocaron una evacuación masiva y se calcula que la epidemia de 1853 mató a 9.000 residentes (McKiven 2007). El brote de 1878 en el valle del Mississippi provocó 13.000 casos y 5.000 muertes (Brês 1986). La enfermedad fue apodada «gato amarillo» porque, además de causar una coloración amarilla en la piel, los barcos mostraban una bandera amarilla cuando llegaban a puerto indicando que había personas con la enfermedad a bordo (Graham 2013).

Primeros pasos hacia el control de la fiebre amarilla

Hasta el siglo XIX, la fiebre amarilla se atribuía a «emanaciones aéreas de materia vegetal y animal en descomposición, suciedad y putrefacción…», también conocidas como miasmas, o a través de objetos como ropa y ropa de cama (fómites) que propagaban enfermedades infecciosas por contacto directo (Harvard 2016a).

Los primeros relatos sobre los esfuerzos de salud pública para controlar los brotes de fiebre amarilla antes de principios del siglo XX en el sur de Estados Unidos se centraron en los sistemas de cuarentena y las ordenanzas de saneamiento (Humphreys 1992, Universidad de Virginia 2016). Sin embargo, en febrero de 1881, en la Conferencia Sanitaria Internacional de Washington DC, el médico cubano Carlos Finlay formuló la hipótesis de que un agente intermedio es el responsable de la propagación de la fiebre amarilla (Howard-Jones 1975). En agosto del mismo año, declaró que el vector era el mosquito Stegomyia fasciata, que ahora se conoce como Aedes aegypti (Rodríguez Cabarrocas 1960).

Los hallazgos de Finlay fueron una fuerza impulsora en la creación de la 4ª Comisión de Fiebre Amarilla del Ejército de los Estados Unidos en La Habana, Cuba, que fue encabezada por el Cirujano General de los Estados Unidos Walter Reed y los Cirujanos Asistentes en funciones James Carroll, Aristides Agramonte y Jesse Lazear (Reed 1902). Tras realizar experimentos en La Habana y en un campamento cercano, Los Quemados, la comisión confirmó en 1900 (Reed et al. 1900) que la fiebre amarilla es efectivamente causada por el mosquito conocido hoy como Aedes aegypti (Reed et al. 1911).

En 1901, tras las conclusiones de la Comisión Reed, el ejército estadounidense, que había ocupado la isla, inició dos campañas de eliminación de mosquitos en La Habana (Cuba). Jefferson Randolph Kean y William Crawford Gorgas iniciaron campañas paralelas de eliminación del mosquito responsable de la malaria (Anopheles) y del responsable de la fiebre amarilla (Gorgas 1904). Alrededor de la misma época, intervenciones similares en las Américas incluyeron una doble eliminación de los aedes y los anofeles llevada a cabo por Oswaldo Cruz en Río de Janeiro, Brasil (Severo 1955), y una campaña centrada únicamente en los aedes por Emilio Rivas en Sao Paulo, Brasil, una táctica que más tarde demostró ser más económica (Severo 1955).

Campaña de William Gorgas para controlar la fiebre amarilla en La Habana, Cuba

Tras el final de la guerra hispano-estadounidense a finales del siglo XIX, el comandante William Gorgas fue nombrado Jefe de Sanidad en La Habana en 1898, con el objetivo de erradicar la fiebre amarilla y la malaria (Harvard 2016b). Al mismo tiempo, los Estados Unidos comenzaron su ocupación de Cuba y posteriormente iniciaron intervenciones masivas de salud pública para reducir la incidencia de la fiebre amarilla utilizando políticas de saneamiento, regulaciones de cuarentena y la publicación de informes de salud pública en los periódicos (Universidad de Virginia 2016b).

Gorgas puso en marcha una intervención destinada a eliminar el Aedes aegypti. El 1 de marzo de 1901, se declaró la ley marcial para todos los residentes de Cuba y las personas que emigraban a La Habana. Las personas que residían en la isla fueron clasificadas como no inmunes, porque no tenían antecedentes médicos de fiebre amarilla; o inmunes, porque tenían antecedentes de fiebre amarilla (aunque no confirmados con ninguna prueba serológica). A lo largo del siglo XIX, se suponía que las personas que habían vivido durante varios meses en una zona infectada adquirían cierta protección contra la fiebre amarilla (y otras enfermedades tropicales) y se consideraban inmunes o «adaptadas». La palabra «inmune» no tenía ningún significado inmunológico.

La intervención de eliminación de Gorgas se dividió en el control del vector, la cuarentena de los casos activos de fiebre amarilla y la supervisión e inspección de los puertos y las ciudades. El objetivo del control de vectores era impedir la reproducción de las larvas de mosquito y eliminar tanto las larvas como los mosquitos adultos. La Habana se dividió en 20 distritos; a cada distrito se le asignó un equipo de saneamiento responsable de las inspecciones domiciliarias, el tratamiento químico del agua potable y la impermeabilización de todos los recipientes que contenían agua. Todas las actividades se comunicaron a la unidad central de saneamiento. También se formaron equipos para vigilar y tratar las aguas estancadas en los alrededores de la ciudad (Gorgas 1901 1903a).

Todas las residencias en las que se sospechaba que había un caso de fiebre amarilla fueron selladas y se quemó polvo de piretro para eliminar los mosquitos adultos. Una vez finalizada la quema de piretro, se examinaron minuciosamente las residencias en busca de mosquitos. Todos los hospitales se hicieron a prueba de mosquitos y se colocaron guardias en todas las puertas metálicas para garantizar el cumplimiento del protocolo, que exigía la exclusión de las personas no inmunes de las salas de fiebre amarilla (Gorgas 1901 1903a).

Todos los que llegaban al puerto eran llevados a la estación de inmigración, donde se les obligaba a informar de sus destinos y a registrarse y asistir al hospital más cercano durante dos meses. Los que tenían como destino las afueras de La Habana eran enviados allí directamente, sin entrar en la ciudad. El decreto de ley marcial exigía la segregación obligatoria de las personas no inmunes que residían fuera de La Habana en dos campamentos, situados en Quemados y Santiago. Se colocaron puestos de inspección en todas las entradas de La Habana para documentar e informar de los nombres y direcciones de las personas consideradas no inmunes. Este protocolo incluía visitas de inspectores a sus residencias para buscar signos y síntomas de fiebre amarilla al tercer y sexto día después de las visitas a La Habana (Gorgas 1901 1903a).

Entre 1890 y 1900 hubo una media anual de 462 muertes por fiebre amarilla en la ciudad de La Habana. En enero y febrero de 1901 se registraron 12 muertes por fiebre amarilla (Gorgas 1901, 1903a). La última muerte por fiebre amarilla reportada durante la ocupación de Estados Unidos ocurrió el 28 de septiembre de 1901. Un informe enviado al Senado por Gorgas, fechado el 22 de enero de 1903, afirmaba que Cuba seguía libre de fiebre amarilla, cumpliendo así el punto de referencia de 18 meses establecido previamente para demostrar la erradicación (Gorgas 1903b; 1915).

Conclusión

La eliminación de la fiebre amarilla en La Habana resultó ser un éxito para la salud pública, pero no estuvo exenta de polémica. Aunque la lucha contra la enfermedad supuso un punto de inflexión en la salud pública moderna, concretamente en el control de los vectores, se produjo como resultado del gobierno militar de una potencia ocupante.

El control de la mortífera enfermedad fue posible gracias a la investigación científica seguida de intervenciones de salud pública que, aunque modificadas, se siguen empleando hoy en día. La combinación del modo de transmisión de la fiebre amarilla postulado por Finlay, la confirmación por parte de la comisión Reed de que la hipótesis de Finlay era correcta y la determinación de Gorgas de utilizar rigurosas medidas de control para erradicar el mosquito de la isla, dieron como resultado una drástica disminución de la incidencia de una enfermedad transmitida por vectores.

Un éxito similar en la erradicación de la malaria sigue siendo difícil de alcanzar. Cuando ha habido éxito, ha dependido de que las poblaciones se autodisciplinaran, como las de los sindicatos, o fueran disciplinadas por otros, como las de las fuerzas armadas y las prisiones (Ferroni et al. 2011 Gachelin 2013 Gachelin et al. 2016).

Agradecimientos y contribuciones: Rita Isabel Lechuga realizó la investigación inicial de los archivos para este artículo y preparó el primer borrador del mismo. Ana Cristina Castro realizó una investigación de archivo adicional y contribuyó a la redacción final del artículo. Julia Rodríguez Abreu prestó asistencia en la investigación en la Biblioteca Nacional de Medicina y la Biblioteca Nacional del Congreso. Gabriel Gachelin aportó sus comentarios a los primeros borradores del manuscrito. Luis Gabriel Cuervo proporcionó una tutoría general y facilitó la realización de este trabajo como parte de una pasantía en la OPS/OMS.

Este artículo de la James Lind Library se ha vuelto a publicar en el Journal of the Royal Society of Medicine 2017;110:118-120.

 

 

[Translator’s note]

Spanish translation of an article by Lechuga RI and Castro AC published by the James Lind Library

The above is a Spanish translation of the article «Dramatic effects of control measures on deaths from yellow fever in Havana, Cuba, in the early 1900’s» written by Rita Isabel Lechuga and Ana Cristina Castro and published by the James Lind Library (www.jameslindlibrary.org).

This translation was carried out as a free translation exercise by young translators during the their training at Ibidem Group, a Spanish translation agency that hosts internship programs for novel translators from all over the world.



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