Territorio sin fronteras

Traducción de un artículo que reflexiona sobre el origen, la evolución y los cambios producidos en el presente de conceptos como fronteras, territorio, soveranía, etc.

nacionalidadTerritoriotraduccion ingles
22 marzo, 2021 Alambre de espino separando fronteras
22 marzo, 2021 Alambre de espino separando fronteras

Un artículo original de Stuart Elden,
publicado en 2011 en la Harvard International Review
https://hir.harvard.edu/territory-without-borders/

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Disponible aqu√≠ traducido de Ingl√©s a Espa√Īol por Laura

 

Stuart Elden es profesor de Teoría Política y Geografía en la Universidad de Warwick. Este artículo se publicó originalmente en 2011.

¬ŅQu√© significa hablar de ¬ęterritorio sin fronteras¬Ľ? Perm√≠tanme decir inmediatamente que esto no es lo mismo que el argumento del ¬ęmundo sin fronteras¬Ľ, ni concuerda con la idea de que la geograf√≠a ya no importa. Aunque las fronteras son menos importantes en algunos lugares, como en gran parte de Europa, en otros siguen siendo cruciales. La frontera entre Estados Unidos y M√©xico, la vigilancia de las fronteras exteriores de Europa y el muro israel√≠ en Cisjordania son s√≥lo los ejemplos m√°s llamativos de la continua importancia de las fronteras. No estoy sugiriendo que debamos comprender el mundo moderno a trav√©s de una lente que entienda la globalizaci√≥n como desterritorializaci√≥n. De hecho, son los procesos concomitantes de re-territorializaci√≥n ‚ÄĒel constante hacer y rehacer de los territorios‚ÄĒlos que quiz√°s deber√≠an ser objeto de mayor atenci√≥n en nuestros estudios emp√≠ricos y pol√≠ticos.

Tampoco estoy utilizando la frase para describir modos de organizaci√≥n pol√≠tica como el del espacio Schengen, que pretende prescindir de los controles fronterizos. En efecto, el espacio Schengen se ha descrito como un ¬ęterritorio sin fronteras¬Ľ; ser√≠a m√°s exacto describirlo como un espacio con fronteras irregulares. Si bien es cierto que la movilidad en el espacio Schengen es mucho m√°s f√°cil para aquellos individuos con un buen estatus y con los papeles en regla, la movilidad est√° restringida y estrictamente controlada a trav√©s de la seguridad y la polic√≠a transnacional para aquellos que no cumplen con estas caracter√≠sticas.

Adem√°s, es esencial se√Īalar que los intentos de eliminar las fronteras dentro de Europa se han aplicado a sus divisiones internas y han dado lugar a una mayor afirmaci√≥n de las fronteras exteriores. Las patrullas en el Mediterr√°neo son un ejemplo de ello, especialmente teniendo en cuenta los recientes acontecimientos en el norte de √Āfrica. Una tensi√≥n similar atraviesa el proyecto europeo en general y los intentos de enmarcar un ¬ęespacio de libertad, seguridad y justicia¬Ľ siguen yuxtaponi√©ndose a un endurecimiento de las fronteras en otros aspectos, especialmente en torno a la seguridad y la migraci√≥n.

M√°s bien, lo que quiero hacer aqu√≠ es plantear la cuesti√≥n de si podemos pensar el territorio sin depender de las fronteras. Esto no significa que debamos concebir un territorio  sin fronteras, un espacio imaginado que no tiene ni l√≠mite ni fin. En cambio, deber√≠amos dejar de utilizar la noci√≥n de ¬ęfrontera¬Ľ, ¬ęl√≠mite¬Ľ o ¬ędelimitaci√≥n¬Ľ como elemento clave para definir el territorio, como concepto. Quiero sugerir que la definici√≥n est√°ndar de territorio como un espacio delimitado, acotado o definido es en realidad un impedimento para entender las relaciones geopol√≠ticas. En resumen, creo que necesitamos una mejor teor√≠a del territorio. No debemos tomar la definici√≥n est√°ndar de territorio como un espacio delimitado bajo el control de un grupo, quiz√°s un estado, sin m√°s. Al mirar hacia atr√°s en la historia para rastrear el surgimiento de las nociones territoriales modernas, espero abordar dos cuestiones clave. ¬ŅC√≥mo surgi√≥ una concepci√≥n singular del territorio a partir de los divergentes sistemas de organizaci√≥n que han caracterizado hist√≥ricamente la cultura pol√≠tica mundial? ¬ŅY c√≥mo influye esta definici√≥n en la comprensi√≥n moderna de las relaciones pol√≠ticas mundiales?

La evolución del concepto de territorio

El concepto de territorio dentro del pensamiento pol√≠tico occidental es relativamente nuevo. En el lat√≠n cl√°sico, el t√©rmino territorium se utiliza muy poco y significa el terreno que rodea un asentamiento pol√≠tico, como una ciudad. As√≠ lo utilizan, por ejemplo, Cicer√≥n, Varr√≥n y S√©neca. Solo m√°s tarde comenz√≥ a utilizarse el t√©rmino en un sentido m√°s amplio para describir las tierras pertenecientes a una √ļnica unidad pol√≠tica. Incluso entonces se utilizaba para caracterizar la vaga noci√≥n de un √°rea sobre la que el poder podr√≠a extenderse en lugar de una regi√≥n estrechamente circunscrita. Del mismo modo, cuando los romanos hablaban del control pol√≠tico de la tierra, sol√≠an utilizar t√©rminos relacionados con la idea de finis, frontera o l√≠mite. Una vez m√°s, los romanos utilizaban estos t√©rminos en un sentido m√°s amplio que el que le dar√≠amos nosotros hoy en d√≠a. Cicer√≥n nos dice en De re publica, por ejemplo, que los espartanos reclamaban la propiedad de todas las tierras que pod√≠an tocar con una lanza.

El √°rea clave del pensamiento romano que empleaba las nociones de territorium era el derecho. El derecho romano se desarroll√≥ a√ļn m√°s en la Baja Edad Media, con su redescubrimiento e incorporaci√≥n a los sistemas pol√≠tico-jur√≠dicos de toda Europa. Fue entonces cuando la jurisdicci√≥n qued√≥ vinculada al territorio de forma expl√≠cita. Este fue un acontecimiento crucial. En lugar de que el territorio fuera simplemente la tierra que pose√≠a o controlaba el gobernante, ahora se convert√≠a en el l√≠mite o la extensi√≥n del poder pol√≠tico del gobernante. Dado que el poder pas√≥ a ejercerse sobre el territorio y, en consecuencia, sobre las personas y las acciones en √©l, el territorio era tanto el objeto del dominio pol√≠tico como su extensi√≥n. De este modo, se ejerc√≠an determinados tipos de gobierno dentro del territorio, pero no se extend√≠an m√°s all√° de √©l.

Esta idea de finales del siglo XIV fue retomada lentamente en la teor√≠a pol√≠tica en general, especialmente por los escritores alemanes del siglo XVII que intentaban dar sentido a los m√ļltiples y conflictivos poderes dentro del Sacro Imperio Romano. Junto a estos desarrollos pol√≠tico-jur√≠dicos hubo tambi√©n un conjunto de innovaciones en un registro m√°s pol√≠tico-t√©cnico que permitieron a los estados o a los estados nacientes inspeccionar, cartografiar, defender, catalogar y controlar sus tierras de nuevas maneras. Por lo tanto, la evoluci√≥n de toda una serie de t√©cnicas pol√≠ticas es importante en esta historia m√°s amplia. Las nociones de limitaci√≥n son fundamentales para entender estas teor√≠as del territorio en desarrollo y muchos de estos argumentos y pr√°cticas buscaban afirmarlas o reforzarlas. Pero las fronteras no eran en √ļltima instancia la noci√≥n definitoria de un territorio o de los territorios pertenecientes o sujetos a una unidad pol√≠tica. Muchas de las fronteras de estos estados hist√≥ricos estaban muy poco definidas y se marcaban de manera informal con zanjas, vallas, r√≠os e incluso l√≠neas dibujadas en el suelo: Estas fronteras eran a menudo de una anchura indeterminada y se asemejaban m√°s a una zona. Representaban una especie de fortificaci√≥n, un punto de parada temporal en un imperio con una extensi√≥n te√≥ricamente ilimitada. S√≥lo en contadas ocasiones estas fronteras se consideraron fijas y est√°ticas. Se suele afirmar que la primera frontera en sentido moderno, como l√≠nea definida de anchura cero, fue la que atraviesa los Pirineos y que separ√≥ a Francia y Espa√Īa tras el Tratado de los Pirineos de 1659. Ese l√≠mite s√≥lo fue posible gracias a las pr√°cticas legales y a la capacidad t√©cnica de que se dispon√≠a en aquella √©poca.

El territorio, por tanto, en este sentido moderno, no debe entenderse como definido por las fronteras, en el sentido de que poner una frontera alrededor de algo es suficiente para demarcarlo como territorio. Más bien, el territorio es un concepto y una práctica polifacética, que abarca aspectos económicos, estratégicos, jurídicos y técnicos, y quizá pueda entenderse mejor como la contrapartida política de la noción homogénea, medida y matemática del espacio que surgió con la revolución científica. En esa forma de pensar, la plasmación política de ese sentido del espacio es la condición de posibilidad para la demarcación de fronteras modernas como la de los Pirineos. La base geométrica de la topografía y la cartografía no existía antes. Lo fundamental es la comprensión del espacio político y la idea de las fronteras un aspecto secundario, dependiente del primero.

Como sugiere el escritor franc√©s Paul Alli√®s en su libro L’invention du territoire, ¬ęPara definir el territorio, nos dicen, se delimitan las fronteras. O para pensar la frontera, ¬Ņno debemos tener ya una idea de territorio homog√©neo?¬Ľ Para decirlo con m√°s fuerza, ya que la duda de Alli√®s es muy acertada, las fronteras s√≥lo son posibles en su sentido moderno, como l√≠mites, a trav√©s de una noci√≥n de espacio y no al rev√©s. Al centrarse en la determinaci√≥n del espacio que hace posible las fronteras y en particular en el papel del c√°lculo en la determinaci√≥n del espacio, se abre la idea de ver las fronteras no como una distinci√≥n primaria que separa el ¬ęterritorio¬Ľ de otras formas de entender el control pol√≠tico de la tierra; sino como un problema de segundo orden fundado en un sentido particular del c√°lculo y su consecuente comprensi√≥n del espacio. El espacio, en esta concepci√≥n moderna, suele ser algo delimitado y exclusivo, pero sobre todo es algo calculable, extendido en tres dimensiones.

En el per√≠odo moderno temprano, en particular, vemos toda una serie de estrategias aplicadas a las tierras controladas por entidades pol√≠ticas como los nuevos estados emergentes. La tierra se cartograf√≠a, se ordena, se mide, se divide y se controla de diversas maneras, con intentos de hacerla m√°s homog√©nea, con la circulaci√≥n de bienes y personas permitida, impedida o regulada y con la imposici√≥n de un orden interno. Este tipo de racionalidades o t√©cnicas pol√≠ticas son calculadoras como las que se aplicaron en su momento a la poblaci√≥n. La aritm√©tica pol√≠tica, o las estad√≠sticas de poblaci√≥n, tambi√©n afectan a la tierra.  El territorio, en esta lectura, es por tanto una interpretaci√≥n del concepto emergente de ¬ęespacio¬Ľ como categor√≠a pol√≠tico-jur√≠dica, que es posible gracias a una serie de t√©cnicas.

La noción moderna de territorio tiene que ver, en parte, con las fronteras y la impermeabilidad, pero más bien con la forma particular que adoptó en determinadas épocas y lugares. Por diversas razones, la idea de un área estrechamente circunscrita, con redes de gobierno y fronteras reforzadas encajaba con el objetivo de los gobernantes de toda Europa en los siglos XVII y XVIII. En aquella época no se consideraba seriamente la idea de que esas fronteras pudieran ser fijas: las tierras podían seguir siendo conquistadas, compradas, intercambiadas o ganadas de otra manera mediante alianzas o matrimonios o eliminadas mediante acuerdos de paz punitivos. El colonialismo hizo que muchas de estas ideas se extendieran más allá de Europa, aunque hay que subrayar que muchas de estas técnicas se probaron primero en entornos coloniales y sólo se trajeron a Europa más tarde. Ganar territorio mediante la conquista o perderlo cuando se es derrotado siguió siendo habitual hasta el siglo XX: el Tratado de Versalles o la más amplia Paz de París, por ejemplo. Sin embargo, a partir del siglo XVI se produjo una fuerte afirmación de los derechos del poder soberano dentro de esas fronteras. El territorio se asoció cada vez más a formas exclusivas de soberanía.

Desafiando el mito a√ļn vigente de que el origen del concepto moderno de territorio est√° en el sistema estatal moderno de la Paz de Westfalia, esta comprensi√≥n m√°s matizada hist√≥ricamente de la aparici√≥n de este concepto ayuda a arrojar luz sobre algo m√°s que la simple historia de Europa. Entender el territorio en este sentido m√°s amplio, como el control pol√≠tico de un espacio calculado, como una tecnolog√≠a pol√≠tica, nos permite dar cuenta de una serie de fen√≥menos modernos. El prop√≥sito aqu√≠ no es tanto ofrecer una √ļnica y mejor definici√≥n de territorio, que pueda ser contrastada con otras, como plantear el tipo de preguntas que necesitar√≠amos hacer para entender c√≥mo se ha entendido y practicado el territorio en una serie de tiempos y lugares diferentes. Concebir el territorio como un conjunto de fen√≥menos pol√≠ticos diferentes ‚ÄĒecon√≥micos, estrat√©gicos, jur√≠dicos y t√©cnicos‚ÄĒ hace algo m√°s que ofrecer un relato hist√≥ricamente sensible del concepto y su aparici√≥n. Nos permite comprender que, aunque las fronteras son sumamente importantes, no son un elemento definitorio del territorio, sino su consecuencia. El territorio como contrapartida pol√≠tica del espacio calculado hace posible la delimitaci√≥n y demarcaci√≥n de las fronteras como l√≠mites, en lugar de que las fronteras hagan el territorio. Aunque puede adoptar una forma estrictamente delimitada en determinados momentos, tambi√©n son posibles disposiciones m√°s sueltas, superpuestas y m√ļltiples. As√≠ podemos entender la pluralidad de los diferentes acuerdos pol√≠tico-espaciales que se producen.

Desarrollo contempor√°neo

Se ha escrito mucho, en este simposio de la Harvard International Review y en otros lugares, sobre toda una serie de importantes cambios pol√≠ticos que se est√°n produciendo en relaci√≥n con las fronteras. Como muestra el ejemplo del espacio Schengen, el mundo ¬ęsin fronteras¬Ľ es, en el mejor de los casos, profundamente desigual. Algunas personas pueden cruzar las fronteras internacionales con facilidad, mientras que a otras se les retrasa o se les impide cruzarlas, o incluso se las encarcela dentro de su l√≥gica. Muchas fronteras ya no se sit√ļan en los l√≠mites f√≠sicos de un Estado, sino que se llevan a otros lugares. Por ejemplo, es habitual pasar por inmigraci√≥n para entrar en EE. UU. mientras se est√° dentro de los l√≠mites de un aeropuerto canadiense y muchos Estados europeos han deslocalizado sus tr√°mites de inmigraci√≥n. Algunas islas australianas han sido declaradas no territoriales por este mismo motivo.

Las fronteras no reconocidas, como la existente entre la Rep√ļblica de Chipre y la Rep√ļblica Turca del Norte de Chipre, cumplen muchos de los rituales del cruce de fronteras; este ejemplo muestra m√°s claramente c√≥mo cualquier frontera moderna, aunque nominalmente sea una l√≠nea lim√≠trofe de anchura cero, es en realidad una zona. El muro en Cisjordania es otra anomal√≠a, porque la soberan√≠a legalmente reconocida de Israel termina en alg√ļn momento antes de llegar al propio muro; pero la soberan√≠a efectiva de su proyecci√≥n de poder pol√≠tico se extiende hasta el valle del Jord√°n.

Muchas otras cuestiones geogr√°ficas pol√≠ticas contempor√°neas complican igualmente la idea directa de un Estado que ejerce una soberan√≠a exclusiva dentro de unas fronteras estrechamente definidas. Los conflictos fronterizos m√°s acuciantes hoy en d√≠a suelen ser los relativos a las fronteras mar√≠timas, con la importancia estrat√©gica y econ√≥mica que supone reclamar legalmente rocas o peque√Īas islas, lo que permite la explotaci√≥n t√©cnica de vastas extensiones de mar y fondos marinos. Los Estados ricos arriendan terrenos para diversos fines a sus vecinos, como los complejos tur√≠sticos de Bintan, en una isla indonesia, que son propiedad de la vecina Singapur y est√°n regulados y controlados por ella. China est√° utilizando su poder econ√≥mico para utilizar tierras en √Āfrica para la agricultura y la extracci√≥n de minerales. Las embajadas y las bases militares suelen tener un estatus jurisdiccional complicado. Lo m√°s notorio es que la bah√≠a de Guant√°namo, alquilada a Cuba en virtud de un tratado de 1903, se considera legalmente como no parte del territorio de Estados Unidos y, por tanto, al margen de la legislaci√≥n estadounidense, aunque permanece bajo su control efectivo.

En el contexto m√°s amplio de la ¬ęguerra contra el terror¬Ľ, hemos asistido a un cambio en la relaci√≥n entre la preservaci√≥n del territorio ‚ÄĒla fijaci√≥n de las fronteras y el rechazo de las ideas de que el territorio puede ganarse o perderse‚ÄĒ y la soberan√≠a territorial, en la que un Estado puede ejercer una soberan√≠a interna exclusiva dentro de esas fronteras. En estados como Afganist√°n o Iraq, se consider√≥ que las acciones de los gobernantes de esos Estados dentro de sus fronteras legitimaban la intervenci√≥n externa. De este modo, se cooptaron ideas m√°s antiguas sobre la intervenci√≥n humanitaria o la responsabilidad de proteger a la poblaci√≥n civil en relaci√≥n con otros desaf√≠os, en estos casos el refugio de terroristas o la b√ļsqueda de armas de destrucci√≥n masiva. Pero al mismo tiempo, la comunidad internacional no estaba dispuesta a permitir que ninguno de estos Estados se fragmentara seg√ļn criterios √©tnicos o religiosos, ni a tolerar un nuevo trazado de las fronteras dentro de sus regiones. En la Europa moderna temprana, la soberan√≠a se reivindicaba como absoluta, pero las fronteras dentro de las cuales se ejerc√≠a eran continuamente mutables; hoy estamos viendo lo contrario: un intento de tener fronteras fijas pero la soberan√≠a dentro de ellas contingente. La fractura de la Uni√≥n Sovi√©tica y Yugoslavia en funci√≥n de sus rep√ļblicas constituyentes provoc√≥ conflictos √©tnicos y disputas fronterizas que a√ļn perduran. A pesar de que la soberan√≠a hab√≠a sido desafiada directamente por la guerra de la OTAN en Kosovo en 1999, exist√≠a una fuerte reticencia en la comunidad internacional a permitir la aparici√≥n de un Estado independiente. La independencia de Sud√°n del Sur ser√° un proceso fascinante de observar. Como argument√© en mi libro Terror and Territory: the Spatial Extent of Sovereignty (Terror y territorio: la extensi√≥n espacial de la soberan√≠a), lo que est√°bamos viendo en estos y otros casos, como L√≠bano, Pakist√°n y Somalia, era un desaf√≠o a las relaciones existentes entre territorio, fronteras y soberan√≠a, pero no el fin de su importancia. Podr√≠an esgrimirse argumentos similares sobre los actuales acontecimientos en Libia.

La forma de pensar en el territorio, históricamente informada y conceptualmente desarrollada, que hemos esbozado anteriormente, nos permite comprender los cambios que se están produciendo en el mundo actual. Pensar el territorio sin fronteras nos permite comprender mejor las fronteras del territorio.

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